Jonathan Swift sugería en su obra
Una modesta proposición, que los hijos de los pobres se utilizasen como comida. Recurrió al extremismo en la retórica para ilustrar lo absurdo de un punto de vista que rechazaba y del que se mofaba.
Para ilustrar lo absurdo de la nueva
política de privacidad de Facebook, quiero imaginar una situación ficticia pero análoga: supongamos que Google anunciase que nuestros contactos de
Gmail y suscripciones de
Google Reader se hicieran visibles públicamente para toda la red. Si no queremos que el mundo sepa con quién nos comunicamos y lo que estamos leyendo, quizá no deberíamos comunicarnos con esas personas ni leer ese contenido. Las herramientas que hemos usado para comunicarnos y leer de forma privada tienen que adaptarse a los tiempos, ¿no es así?