No terminan de convencerme los relojes inteligentes, pero da la impresión de que la gente quiere estar conectada a todas horas. Las personas no sólo van caminando con su móvil en la mano (con los riesgos que ello supone), sino que no se despegan de él en los transportes públicos. Ahora incluso es habitual observar cómo algunos no lo desconectan ni en una clase ni, atentos, en el cine. Entiendo que los relojes inteligentes pueden ser una opción adecuada para este tipo de gente, pero, no sé, lo veo más como una moda pasajera.

No quiero decir con ello que vayan a desaparecer (si no, Androd Wear no tendría su propio sitio en la Play Store), más bien pienso que habrá una evolución de este tipo de dispositivos. Dado que su pantalla es muy pequeña, pienso que en un futuro llevaremos un auricular y una voz nos irá avisando de lo más importante que esté sucediendo en nuestras aplicaciones favoritas.

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