El mundo de las finanzas sufrió un cambio enorme, definitivo, a finales de siglo XX y dos fueron los principales factores de este drástico desvío que sufrió el, hasta entonces, muy tradicional sector de la especulación financiera. Uno de los principales cambios y que afectó tanto a este sector como a cualquier otro fue el de la llegada de internet.

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La llegada de la web al mundo de la inversión supuso un cambio drástico, en primer lugar, en el perfil del inversor. Hasta ese momento, solo unos pocos, habitualmente respaldados por un fuerte capital y por su situación social, podían tener acceso a las operaciones de trading en cualquier tipo de mercado. Y no solo eso, sino que fuera o no de internet, en países como en España los productos financieros con los que se podía especular se apartaban poco del clásico binomio acciones y divisas. Además, sobre ambos productos solo se podían realizar operaciones clásicas, las clásicas compras y ventas en propiedad, los movimientos bursátiles de toda la vida.

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Una nueva forma de ver el mercado

Sin embargo, a día de hoy la historia ya ha cambiado por completo. Para empezar, uno de los principales factores que ha inducido a dicho cambio ha sido la profusión de las plataformas multidispositivo. Así, cuando antes hacían falta varios mediadores y un proceso medianamente largo para realizar cualquier operación, hoy en día se puede realizar desde cualquier parte del mundo y con solo el movimiento de un dedo desde un teléfono móvil.

Pero no solo la llegada de las apps para móvil y de internet han sido las causantes de la democratización del mundo de las finanzas, sino que otro de los factores tremendamente importantes ha sido la llegada de los productos financieros derivados y, con ellos, el abaratamiento de los costes a la hora de invertir. Aunque en lugares como Gran Bretaña algunos de estos productos estuvieron disponibles desde mediados del pasado siglo, en España, por ejemplo, no fueron aceptados hasta el año 1988, siendo su llegada una especie de saludo a la nueva era de las inversiones financieras.

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Estos productos suelen variar de la inversión clásica en que, como decíamos, son mucho más baratos (normalmente no es necesario tener el producto en propiedad) y en que su proceso de compra/venta es realmente más simple, realizándose habitualmente a través de una web especializada. Algunos de estos productos derivados como los Swaps, CFDs o los contratos de futuros se han convertido en la vanguardia de la especulación moderna, y aquí os vamos a explicar sus rasgos más importantes.

 

Los CFDs o contratos por diferencia

Probablemente sean los productos más de moda de todos los derivados y son el principal puerto de entrada a los grandes mercados para el pequeño inversor. Su funcionamiento es bien simple. El propietario de un producto no derivado (unas acciones, por ejemplo) intuye que su valoración va a bajar y, entonces, decide abrir un CFD; es decir, crea un contrato con un segundo actor por el que acuerda el traspaso temporal de dicho activo, acordando un plazo para su recompra.

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En resumen, el CFD funciona si, por ejemplo, cuentas con un paquete de activos sobre, digamos, el US 100, y sabes que este índice va a perder parte de su actual valoración. A sabiendas de que dicho descenso ocurrirá la próxima semana, abres un CFD para un plazo de una semana y se ejecuta la recompra cuando estas hayan tocado fondo, por lo que te podrás anotar una ganancia equivalente al valor del descenso del índice.

Los futuros

Con este producto derivado se acuerda la compra/venta futura de un activo en un momento determinado y bajo un precio también determinado. Pueden tener tanto un objetivo de cobertura de la cartera de inversiones como de pura especulación y se pueden llevar a cabo sobre cualquier tipo de subyacente: divisas, acciones, materias primas, índices, etc.

Swaps

También conocidos como permutas financieras, son un producto financiero bastante más complejo que los anteriores, especialmente más que los CFDs, y que requiere de profundos conocimientos de los mercados para utilizarlo con propiedad. Según el banco español BBVA, un swap es “una permuta de bienes o derechos entre dos partes en el futuro, aunque en la mayoría de los casos suele tratarse de dinero”. Como los dos anteriores, estos contratos siempre están relacionados con un subyacente de valor variable, ya sean acciones, materias primas u otro cualquiera.

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Un producto que, sin duda, es mejor dejar solo a los más expertos. Y es que, para iniciarse en esto de la inversión financiera, sobran los productos

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